Ciertamente, su ubicación geográfica entre Argentina y Brasil lo hace sumamente atractivo, ya que es el punto de conexión entre dichos mercados compuestos de más de 220 millones de habitantes y el paso obligado para los grandes intercambios comerciales y turísticos entre ambos.
Otra faceta que ha favorecido el incremento de las inversiones en Uruguay es el esfuerzo que el estado uruguayo (independientemente de banderas políticas) ha venido llevando a cabo por varios años desde el punto de vista estructural. Básicamente se puede destacar la estabilidad macroeconómica, la credibilidad a nivel internacional, la consistencia en las “reglas de juego” para prospectivos inversores, la libertad en el manejo de activos y capitales, un agresiva política de promoción turística y el creciente desarrollo de las telecomunicaciones.
Pero hay otro bien muy apreciado en el contexto mundial de hoy en día que Uruguay posee abundantemente: su alta calidad de vida. Esta frase usada muy liberalmente por algunos es una realidad en Uruguay.
Dicha calidad de vida está asegurada por varios factores: una gran variedad de bellezas naturales, algunas de ellas diamantes en bruto, listas para ser desarrolladas y otras que están pasando por un franco proceso de expansión; un respeto histórico por la preservación del medio ambiente; la seguridad que brindan sus ciudades, pueblos y campiña y la paz social que reina en el país.
Todos estos factores marcan una gran diferencia entre Uruguay y los demás países de la región.
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